
𝐏𝐨𝐫 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐅𝐨𝐧𝐬𝐞𝐜𝐚
Guadalajara, Jalisco.- En México, los altares de muertos son mucho más que una tradición: representan una forma de recordar y honrar a quienes ya no están.
Cada elemento tiene un significado. Las flores de cempasúchil, con su color y aroma, ayudan a marcar el camino de las almas; las veladoras representan la luz, mientras que la sal, la cruz de ceniza, las fotografías y los platillos favoritos de los difuntos forman parte de esta ofrenda que se prepara para recibirlos simbólicamente.
Una tradición que, con el paso del tiempo, también ha evolucionado en sus formas y representaciones, pero que conserva su esencia: mantener vivo el recuerdo de nuestros seres queridos.
“Producto de la creatividad y, sobre todo, del amor con que se recibe a los seres difuntos, nos damos cuenta de que los altares lo mismo pueden ser representados con una tabla de ánimas, o hasta aquellos niveles que podrían emular a un recorrido como el que nos hizo entender Dante Alighieri que ocurre una vez que el alma se separa del cuerpo”
Y es precisamente esa relación tan particular que tenemos con la muerte lo que hace de esta celebración algo único, porque en México recordar a quienes se fueron también es una manera de mantenerlos cerca.
“Los panteones, independientemente de su lugar y en el colectivo que van a ocupar para los mexicanos, nos damos cuenta que están llenos de vida. Creo que ese es el gran dilema que tenemos los mexicanos y particularmente los tapatíos. La muerte está tan segura de su ventaja que nos da una vida de por medio”
Como reflexión, Samuel Gómez Luna Cortés